Wednesday, October 17, 2018

SOBRE LA VIDA Y LA MUERTE


La Justificación Ética de la Ciencia
La experiencia nos enseña ciertas proposiciones cuyo valor veritativo es siempre verdadero. Un ejemplo: no podemos, por experiencia, negar que los seres vivientes han muerto en el pasado, mueren en el presente y morirán en el futuro - no podemos negar que todo ser viviente morirá (de hecho, lo contrario parece contradecir lo que "vivo" significa fenomenicamente - algo vivo es algo que en algún momento pasará por un proceso que llevará a que la vida cese en él); no podemos negar que todo lo que esta vivo  (sin mediar algún evento que implique su muerte antes de llegar a alguno de estos estadios) nace o brota, crece, llega a un esplendor y luego decae, envejece, se marchita, y muere; no podemos negar que todo ser viviente de una u otra forma gasta energía y necesita alimentarse. Hay ciertos fenómenos que tienen determinadas características de darse que implican que sean lo que son - lo que hace que la vida sea vida no puede en algunos momentos ser y en otros no - no puede ser contingente al fenómeno que estructura. Las tautologías (proposiciones siempre verdaderas) que encontramos en la experiencia, pueden expresarse de manera hipotética e incluso reforzar dicha naturaleza mediante el uso del condicional  (si se diera tal cosa entonces... / en el caso que tal cosa, entonces...) dado que el fenómeno mismo no siempre se da: hay cosas en el mundo que no son vivientes. Sin embargo, al darse, se da con ciertas características que le son estructurales y no pueden afirmarse de ese tipo de entes sino tautológicamente y con necesidad. 

La ciencia empírica de occidente pretende, mediante la aplicación de procesos de transformación al cuerpo viviente, eliminar estas tautologías empíricas. Pretende de hecho, eliminar el dolor, y entre esos dolores (para ella, lo contrario del placer - lo bueno - es lo doloroso - lo malo), el mayor es el miedo a la muerte. Este objetivo se puede entresacar de la dirección de las disciplinas  donde se aplica el conocimiento científico - y donde se apoya el discurso que legitima y sostiene a la ciencia como el mecanismo válido de obtención del a verdad -, actividades como la medicina y todas sus sub-disciplinas, la farmacología, las técnicas de prevención de riesgos, etc. 


Pretender cambiar hechos estructurales de un fenómeno es pretender cambiar la naturaleza del mundo. Este objetivo siempre me ha parecido problemático. Es mi parecer, y como tal puede estar errado, que al cambiar la estructura de las cosas del mundo, se trastoca la estructura "del mundo", y la evolución que pueden tener dichos trastoques no es predecible porque es desconocida - no sabíamos que la utilización indiscriminada de combustibles fósiles como fuente de energía primordial y la explotación libre e ilimitada de los "recursos naturales" llevaría al fenómeno del calentamiento global o a los desastres ecológicos que registramos y analizamos sin hacer nada desde los años cincuenta. 

Cambiar la estructura de la vida - la forma en que la vida se da y es experimentada - las condiciones en que la vida "se va viviendo" (la corporalidad, el crecimiento orgánico, el desgaste y deterioro, el dolor y el placer (perdóneseme esta simplificación) al enfrentarse al mundo y las exigencias de la vida para subsistir también es cuyas repercursiones y consecuencias desconocemos. Se escribió que los científicos iban haciendo descubrimientos cuyas repercusiones no podían controlar ni prever, pero de los que igualmente eran responsables. 

Hasta este momento, la vida es un viaje que termina con la muerte. Este viaje es a través del placer, la felicidad, la euforia, la tranquilidad, la satisfacción así como del dolor, del dolor y la pena, el estrés, la frustración, la soledad, etc, etc, etc. La finitud hace de la vida algo precioso, y da a cada momento y a todo lo que pasa, un valor incalculable al ser parte de un itinerario de un ser que aparecerá y desaparecerá en el torrente del tiempo sin volver a repetirse. Su unicidad y por lo mismo, su irrepeititividad, no le otorga sin embargo concesión alguna contra las formas en que la vida se experimenta, y parte de la experiencia es la muerte y el saber que ella vendrá y su certeza ineludible. 

Siempre vale una pregunta más que una respuesta, porque la respuesta siempre estará hasta cierto punto correcta pero también hasta cierto punto errada, pero la pregunta abre la senda hacia nuevas respuestas, por ende lanzo la siguiente: 

¿Es realmente deseable que la vida no acabe y que el dolor con toda su gama de apariciones sea abolido de la vida de los hombres? ¿Sería quizás la inmortalidad una maldición en vez de una bendición?             

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