Una flor esta en el jardín. La botánica le asigna un nombre; la química explica los procesos con los que se nutre; la física nos dice que esta hecha de átomos, y en última instancia, que la solidez que presenciamos es una ilusión - la materia que la compone es mínima y casi toda ella es nada; la economía nos dice que la podemos poner en un macetero y convertirla en un producto transable en el mercado; la publicidad puede convertirla en un símbolo; el arte la puede situar al lado de una tumba o entre los labios carnosos de una mujer.
Más sabio es el viejo que sale al jardín y la riega todos los días, le habla con torpe y achacoso amor. Este viejo ya no se pregunta "qué es" ni "como es" ni "para qué sirve", simplemente se concentra en cuidar de ella y gozar verla mientras crece en su jardín, para luego marchitarse.
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