Wednesday, January 13, 2016

Escribir en un medio muerto, por lo que parece. Lo que tenía de mágico el blog murió. Ergo, nadie leerá lo que aquí se escriba. Nadie ha actualizado sus blogs desde el 2013, la fecha más reciente en casi todos los blogs que solía seguir, y las fechas de los últimos comentarios a los míos. Ejercicio solitario.... Que así sea.

Amen

Tuesday, January 12, 2016

Armando Sixto Baeza Elizalde

¿Donde quedaron 
esos dedos mochos de mi abuelo, 
bajo cuya torpeza tierna las rosas medraron?
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Sobre la Política / Regarding Politics

El estado es el detentor de la fuerza legítima. La política es la actividad de conducir el estado. Por ende, la política es el arte  - con la fuerza como última ratio - de imponer un error tras otro  a los hombres, y asegurar que obedezcan.

The state is the locus of legitimate force. Politics is the activity of running the state.  Politics therefore, is the art  - with the flash of the blade as the last restort - of imposing error upon error on men and ensuring their obedience.


Disputa Magistrorum / Discrepancias entre Maestros

Sapientia et virtu dicit nos: "Si tenebras in cordis habemus, miseria in vita sustinemus";

Esp: La Sapiencia y la virtud nos dicen: "Si tenemos tinieblas en el corazón, debemos afrontar una vida de miserias"
Eng: Wisedom and virtue say: "If our heart is filled with shadows, we must endure la life of misery".

Mundus frequenter nos docet: "Si miseria in vita est, etiam cor clarissimum in tenebras praecipitatur";

Esp: El mundo a menudo nos enseña: "Si sufrimos miserias en la vida, incluso el corazón más luminoso se precipita en las tinieblas".
Eng: The world often teaches that: "if we sufer miseries in life, even the brightest heart falls into shadows"

Homines nos demonstrant: "Si tenebras in cordis, sed fortes sumus et fortitudo agimus, mal addimus et miseria alios, sed fortuna nos subridet".

Esp: Los Hombres nos Demuestran: "Si tenemos tinieblas en el corazón, pero somos fuertes y decididos en el actuar, hacemos el mal y traemos la miseria a los otros, pero la fortuna nos sonríe".
Eng: Men prove that: "if we have shadows in our heart, but are strong and act with resolve, we bring bad and misery to others, but luck smiles upon us."

Sixtus Cornelius: De Anima Homines.





Wednesday, January 6, 2016

The Three Religions of the West.

Paganism saw and felt and lived in cycles;  Monotheism still sees and feels and lives in lines: they both agree on transcendence. Science agrees with both cycles and lines; it says nothing about transcendence; however, it does not see and feel and live the world, merely dissect it.

Tuesday, January 5, 2016

Sobre la Naturaleza del Apego

En la época del censo del '82, estaba en el Norte, en la localidad de ....trabajando para la municipalidad de .... como trabajadora social. Llegó a mi una compañera con un caso que le habían asignado. La historia era la siguiente:

Se estaba censando la población que vivía en el altiplano. La operación era difícil, por la geografía, el calor y las distancias. Además, se temía (como era común en esos años) la posible presencia de escondites subversivos. Uno de los encuestadores debía ir a una zona más remota, de la que no se tenía certeza de la existencia o no de habitantes. Las autoridades militares, con la meticulosidad que es característica del espíritu castrense, quería peinar esa zona y aprovechar de hacer un "censo como se debe": por ende, fue acompañado por un contingente de Carabineros. Eventualmente, se encontraron, entre los cerros áridos y los arbustos resecos, un caserío, donde vivía un grupo de gente, entre los que se encontraban una anciana que vivía con un niño, al parecer su nieto, que era el único menor. La comunicación era difícil, porque esta gente había, al parecer, estado aislada durante generaciones. No hablaban castellano ni quechua, sino un dialecto que había adoptado y deformado formas de ambas lenguas.

Luego de supervisar el censo de las viviendas, los funcionarios de carabineros, de  vuelta en su comisaría, relataron el caso a su superior, quien dio aviso de la situación del niño al juzgado competente. Dado que esta gente estaba en Chile, se debía salvaguardar el derecho del niño a recibir una educación (1). Se hizo el oficio y todos los trámites, y, cuento corto, luego de visitas de trabajadoras sociales (2), el niño fue sacado por carabineros, y enviado, ante la pasividad de la abuela y los vecinos, a una escuela.

Hosco como los indígenas en general, y fuera de su elemento, sin entender el idioma, y visiblemente contrariado por la generosidad del estado Chileno, el niño era solitario, triste y reservado. No hizo mucho progreso en el aprendizaje del castellano, lo que hacía más difícil su integración, y lo hacía también  objeto de las burlas y malos tratos de sus compañeros, muchos de ellos provenientes de familias extremadamente pobres y acostumbrados a la riña, el alcohol y el maltrato, y que, como es común entre esas poblaciones, y en esa época en Chile, no eran tolerantes a con lo diferente. 

La escuela era donde se llevaba a los niños que vivían en lugares remotos, o que venían de familias en riesgo social. Debían pernoctar de lunes a viernes por las misma razón (la distancia o las condiciones de vida en el entorno familiar). La preocupación por los alumnos en un internado es relativa: se centra más en el cumplimiento de la disciplina y las reglas que en sus emociones o sus necesidades psicológicas. En esa época, a diferencia de estos tiempos, esto último era algo totalmente fuera de las consideraciones de crianza o de educación, fuese en la casa o en la escuela: se vivía, en todo orden de cosas, bajo la égida del proverbio "la letra, con sangre entra". Un signo de los tiempos, cualquier conducta anómala era reprendida con severidad. En este caso, se empezó a observar que de noche, sobre todo en el invierno, el niño, de forma cada vez más obsesa, y a pesar de todas las reprimendas y castigos, abandonaba de noche su cama y furtivamente se escabullía al baño común, donde se lo encontró varias veces durmiendo abrazado a un retrete (wáter como le dicen en Chile). Separarlo de él era a fuerza de tirones y llanto y forcejeo. El internado, huelga decir, no era precisamente opulento, y las instalaciones estaban en condiciones bastante precarias: hacía frío de noche, sobre todo en la noche del norte grande, que es gélida, y que se sigue de días bastante calurosos. Los baños tampoco eran muy higiénicos, y un leve olor a orina y excremento flotaba en el aire, y se concentraba en los retretes. Al no resultar ni la razón ni la fuerza, se le encargó el caso a mi compañera, quien, sin saber qué hacer, recurrió a mí.

Soy antropóloga de formación a pesar de trabajar en aquellos años para como asistente social. (Hacía también hacía trabajos ocasionales de contacto con la población indígena, buscando determinar necesidades, y con el encargo secreto de detectar "elementos subversivos" entre ellos - huelga decir que, en la lucha contra el enemigo que se cernía en connivencia con los soviets sobre la libertad, nunca detecté tal elemento: creo que este motivo, junto con el encuentro de ciertos restos un par de años después sobre los que reporte no eran - como todos querían suponer - restos antiguos sino recientes, llevó a que el alcalde, un militar, prescindiera de mis servicios). No había psicólogos o psiquiatras a quien recurrir en la zona, y, a comienzo de los  ochenta, las personas con educación universitaria y título no abundaban. A pesar que el régimen tenía desconfianza de la gente educada (las universidades eran caldo de cultivo del cáncer marxista-leninista), la gente (y los militares también) nos tenía un cierto extraño respeto porque por nosotros porque "sabíamos más cosas" - cosa que también les inspiraba desconfianza. En fin, en mi calidad de antropóloga, las autoridades involucradas asintieron en delegarme el caso cuando mi colega me recomendó. 

Solicité que me llevaran al lugar donde vivía el niño, ya que quizás la conducta del niño no era patológica, sino adquirida por  crianza: mal que mal, esa gente había estado perdida del mundo por una cantidad desconocida de años, y vaya a saber uno qué costumbres regían su convivencia. 

El niño vivía con su abuela, así que solicité me dirigí a la casa donde habitaba. La abuela resultó ser una Chola. Habiendo hecho trabajo de campo en el norte y en el sur a fines de los '60, desarrollé una forma de pasar desapercibida para poder escrutar las formas de vida y costumbres indígenas - siendo desconfiados y hoscos, la consciencia de nuestra presencia los hacía ocultar sus hábitos, ya que se sentían juzgados, y nos venían con la desconfianza que se ve al intruso. Mi arte me había abierto ese mundo porque, mi capacidad hacía que, finalmente, olvidaran mi presencia. Había visto y compartido con Cholas antes, había pernoctado con esa gente, las había observado detenidamente desde lugares discretos, como lo había hecho también entre poblaciones Mapuches. No estilan cambiarse de ropa, y van acumulando un faldón encima del otro. Como les llegan hasta los tobillos, los aprovechan para orinar y defecar en cualquier parte: basta con levantarlos un poco, agacharse, y aliviarse sin revelar sus partes púdicas. A esto, que en todo caso, es de común conocimiento, se debe  Agregar el hecho que vivían en el desierto, aislados, en un lugar donde no abundaba el agua: el aseo, por ende, tampoco estaba entre sus costumbres más arraigadas. Finalmente, las cholas tienen por costumbre, en la fría noche altiplánica, cobijar a los niños bajo sus faldas para protegerlos del frío: el niño, en las noches de su tierna infancia, dormía bajo el faldón de su abuela. 

La conclusión era fácil: una vez separado del lugar donde había crecido, y de la única gente que conocía, en un lugar desconocido, donde era extranjero, donde a duras penas se comunicaba, y donde se sentía perdido, sólo y maltratado, el olor del retrete era el único puente a casa, al afecto y la calidez del hogar. Aferrado a su retrete, el niño luchaba por no languidecer.

No sé que fue del niño. Supe que la abuela murió al poco tiempo, y, carente de otra familia, fue remitido a los cuidados del servicio nacional de menores.     


Notas: (1) Cosa rara en esa época: el régimen en el poder no tenía en gran aprecio los derechos de las personas, excepto el derecho al trabajo y a comprar - si se tenía los medios, obviamente. 

(2) Otra rareza de la época, ya que la comprensión de estas minorías étnicas, y un "charter" de derechos de las mismas, no fueron gran preocupación del estado hasta bien entrada la vuelta a la democracia: hubiera sido más fácil para todos, y en primer lugar, para el niño, que lo dejaran en su mundo de arbustos y llamas y silencio.